El domingo salimos Alfon y yo, cuando iba a por la bici ya empezo a llover, pero salimos y pude probar la cubierta delantera; va de putisima madre. Subiendo a Elgeta nos empezo a nevar; como se veian blancos los arboles de la antena de Galdaramiño, decidimos subir hasta allí para hacernos unas fotos con el mobil de Alfonso, con la intención de que te las mande y las pongas en la pagina web para dar envidia, (son solo 3 o 4).
Bajamos directos desde la antena hasta Umbe, al principio sobre nieve, luego sobre barro (por el pinar de los chicos de descenso) y luego por el camino de monte y tramos de piedras mojadas que llega hasta Umbe. La cubierta me dió mucha seguridad bajando, no me hizo ningun estraño, y controlaba la trayectoria en todo momento; apesar de que el monte chorreaba agua por todos lados baje bastante rapido, según sentia que la cubierta me iba trasmitiendo confianza, me soltaba un poco mas, creo que de todas las veces que he bajado por ahí en mojado, ha sido la que mas he disfrutado, PERO ESPERA.....Cuando estabamos en la antena los dos teniamos los pies bastante frios y decidimos empezar a bajar, al poco de empezar a bajar con la velocidad y el aire frio chocando contra nuestras manos, los dedos se nos quedaron rijidos y habia que hacer bastante fuerza para poder agarrarse al manillar y para frenar, no teniamos tacto; los dedos nos dolian muchisimo, nunca he sentido tanto dolor en ellos como este domingo, cuando bajaba, me recordaba que aunque las piedras estaban mojadas (las grandes), era mejor saltarlas que pasarlas rodando ya que si pinchaba por algún llantazo, con lo rigidas que tenia las manos no iba a poder ni soltar el cierre de la rueda; me di cuenta que cuanto mas rapido bajaba el cuerpo generaba mas adrenalina y me llegaba mas sangre a los dedos, notaba algo de mejoria, así que en una curva que Alfonso me dejo pasar; lo adelanté y me solté un poco mas; cuando llegamos a Eibar me costo subir el sillín para pedalear mejor hasta casa, pasamos de lavar las bicis, solo queriamos llegar a casa para que la sangre volviera a circular por nuestros dedos; Alfonso me dijo por la tarde que él en el camarote no era capaz de quitarse las zapatillas de la bici; yo volví desde Eibar hasta mi garaje rozandome los dedos contra las piernas, obligando a las articulaciones de las falanjes a estirarse y contraerse, pasé dolor cuando la sangre volvio abrir los capilares de mis dedos. Aunque los dos disfrutamos y sufrimos esa mañana, cuando nos despedimos lo hizimos con un "...QUE NOS QUITEN LO BAILAO"
Bueno esto es lo que os perdisteis, no se lo recomiendo a nadie pero seguro que os habria gustado compartirlo, si el tiempo sigue así, ya habrá mas dias. |