La mañana era gris y ventosa, pero nadie quería quedarse en la cama y mucho menos después del empacho de lluvia que tuvimos el fin de pasado. Nos juntamos 15 bikers y salimos dirección a Placencia. Esta salida solo merece la pena a partir de que entras en el monte, pero antes hay que comerse un largo tramo de asfalto y una subida de cemento larga y aburrida, menos mal que entre tanta gente siempre hay cosas para contarse.
Cuando por fin pisamos monte comenzamos lo bueno y lo duro; la primera subida hizo descabalgar a la mayoría y la segunda también. Luego el camino se suavizaba y desaparecía bajo balsas de hojas muertas. El otoño y el viento se encargaron de desnudar a los arboles que sin ningún tipo de pudor se movían ante nosotros.
Por fin llegamos a lo alto, como hacía mucho viento decidimos ir a la izquierda, hacia la antena de Karakate, este sendero es de lo más divertido que hay por aquí, siempre es una gozada recorrerlo. Desde la antena nos propusieron bajar a Elgoibar por una nueva variante a través de un hayedo que resultó ser un gran acierto. Los atajos que solemos hacer estaban intransitables por las fuertes lluvias de la semana anterior, así que se bajó por la pista principal desde el hayedo hasta Elgoibar y luego volvimos por asfalto hasta Ermua, eso sí con bastante viento de cara. (Si Javi llega a pasar por debajo del árbol, le hacemos la ola).
Y así pasamos otra mañana, respondiendo a la misma pregunta; ¿salir en bici, o quedarse en cama?
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